AVUI A POL

Can ràbia per Francesc Via

Rufete sigue adelante

Rufete es intocable. Al menos de momento, porque en fútbol no hay una sola verdad inmutable que resista un pelotazo. Pero Chen y Durán lo han blindado pese a que el espanyolismo es un clamor exigiendo su cese, cuanto menos a final de temporada. El propio técnico también se ha blindado desde su propio discurso: una intrincada madeja de tópicos, contradicciones y laberintos sintácticos sin salida. Rufete solo habla claro cuando se enfada, a excepción del viernes donde pareció lanzar una afrenta a Durán que desde el club se encargaron de desviar hacia Perarnau, que aun se debe estar preguntando de donde le ha llovido la hostia. Mejor harían desde comunicación en ayudar a Rufete a preparar sus discursos, y explicarle que le interesa antes ganarse la confianza de la gente que defender a unos jugadores indolentes y sobrepagados que solo dan lo mejor de si mismos a la hora de renovar. Cuando se hizo cargo del banquillo, Rufete tenía catorce ruedas de prensa por delante. Catorce balas para apuntar al corazón del socio. Para explicarle por qué habíamos llegado hasta aquí y adonde nos iba a llevar. Para cargar contra unos jugadores que afortunadamente perderemos pronto de vista, aunque no a todos, lamentablemente. Ayer, diez balas malgastadas después, un nuevo disparo al pie. Volvió a hablar sin escucharse, porque si hubiese escuchado su propia rueda de prensa, no le hubiese quedado mas remedio que cesarse a si mismo. El resumen de todo fue esa puñalada a la concordancia gramatical y a quienes pedían su marcha, "estoy en el pasado, estoy en el presente y estoy en el futuro", como un inmortal. Solo le faltó añadir "piensen ustedes lo que piensen". Recordó a aquel dia que el pobre Condal, senil y acorralado, anunció que dimitia para volverse a presentar espetándole al periodista boquiabierto aquello de "t'has quedat parat, oi?". La afición debe entender hoy esto como se resignó a aquello: no hay manera de librarse de Rufete hasta que el propio Rufete lo decida.

"¿Qué le habrán visto a Rufete?" se preguntaba en voz alta el jueves pasado José Ramón de la Morena, de los pocos que en los medios nacionales que han comentado el descenso del Espanyol, ocupados como están con los carnavales de Cádiz, constatación de que fuera de nuestra microburbuja blanquiazul, a nadie le importamos una mierda. Yo sé lo que le han visto, porque he podido tratarle en privado y reconozco que en muchas ocasiones su temperamento me ha convencido. Así que entiendo como su vehemencia le hizo ganarse la confianza de Chen que, desolado ya desde otoño, veía como el barco se hundía entre las peleas de Guasch y Perarnau, y especialmente la renuencia de éste último a ejercer un liderazgo que Rufete acabó reclamando. A Chen le sedujo eso y probablemente también a Durán, que lo vio trabajar en invierno con decisión, aunque el tema de las cláusulas de escape ponga ese trabajo en entredicho. Volviendo a su capacidad de seducción, el propio Rufete nos puso sobre la pista cuando dijo ayer que "voy a dar siempre la cara por mi club" lo cual le distingue de aquellos que pudiendo y debiendo, no la dieron en su momento. Al final, el único que a parte de Chen tuvo en sus manos el futuro de Rufete, fue Óscar.

Sea como fuere, Rufete sigue adelante. Es como el apostador que ha perdido demasiado en el casino, pero debe seguir jugando para tratar de recuperar lo perdido. Ha decidido que no se puede ir a casa con las manos vacías y la inmensa deuda, pero todos sabemos como acaban normalmente estas cosas. Además del blindaje de la cúpula y el contractual -recientemente firmó un nuevo contrato que aumentaba considerablemente su sueldo- se ha unido el emocional. Se ha convencido de que se debe al club y eso nos remite a un aspecto crucial, esencial, sobre el momento que estamos viviendo. ¿Quién o qué es realmente el club? ¿Rastar? ¿La sociedad domiciliada en Hong Kong que posee las acciones? ¿La afición? Porque si es la afición, ésta ya ha dado su veredicto implacable: todos a la calle, Rufete incluido. ¿Se puede liderar un proyecto de ascenso en estas condiciones? El sentido común dice que no. Habrá que preguntárselo a Rufete, a ver qué contesta.

Francesc Via 

@francescviapol             


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