AVUI A POL

Can ràbia per Francesc Via

La hora oscura

La derrota de ayer deja el descenso virtualmente consumado. El Espanyol luchará en lo sucesivo porque no puede concebirse otra cosa, pero ya vimos ante el Betis que simplemente no le da. No nos da. El cúmulo de despropósitos en que se ha convertido una temporada demencial, la peor de nuestra historia, paradójicamente en el curso de mayor presupuesto, estalló ante las narices de todos, sepultando la esperanza de los más optimistas. Ahora, más que extenderse en análisis de lo que nos ha llevado hasta aquí -baste una sola palabra: todo- hay que empezar a reconstruir con urgencia y empezar a sembrar el futuro. Hay que tomar decisiones.

La plantilla debe ser depurada. Ningún jugador que acabe contrato debe renovar. Esta es la única medida que la afición va a entender. Toda renovación va a ser entendida como continuismo, en el peor de las acepciones de esta palabra: dejadez o amiguismo. Nadie en su sano juicio va a aceptar que sigan vistiendo la camiseta del Espanyol quienes han demostrado en un largo y tortuoso año que no han sabido defenderla en primera. Además, hay que hablar con urgencia con los jugadores válidos con contrato para conocer su voluntad de cara al próximo curso. Si no hay compromiso, que vengan con el dinero y adiós.

La directiva se ha mostrado insuficiente y ha quedado demostrado el fracaso del modelo Rastar. No puede quedar prácticamente reducida a un solo miembro. No hay conexión con el socio ni tampoco se observa autoridad sobre el vestuario. Necesitamos consejeros que trasladen un mensaje a la afición de hacia adonde se dirige la entidad. Por otro lado, faltan hombres de fútbol que puedan fiscalizar con criterio la labor de los técnicos. Hay exfutbolistas con raigambre que pueden realizar esta tarea. Por contra, hay exjugadores en el club con cometido meramente decorativo. Con alguien con autoridad y peso advirtiendo, la catástrofe podría haberse reconducido.

Hay que decidir si Rufete es el hombre en quién debe depositarse la responsabilidad de la reconstrucción. Fue confirmado hace pocos días y está rearmando las estructuras deportivas del club, la cual cosa indica a las claras su continuidad. Pero un descenso es un hecho que por su notoriedad histórica obliga a reevaluarlo todo. Por fuerza debe ser reconfirmado por la propiedad como el hombre que va a conducir al club en el momento más amargo. Esta es una decisión que tiene una gran trascendencia y que cuenta con un argumento en contra del más puro sentido común: nunca en la historia se le ha dado las llaves a quién ha participado activamente de una catástrofe. Esto como mínimo, insisto, merece una explicación que evite futuras tempestades a las primeras de cambio. Si continúa como parece, hay que pedirle que actúe sobre la plantilla sin piedad y teniendo el retorno a la categoría como imperativo.

Chen debe comparecer. El presidente debe hablarle a sus socios y hacer autocrítica de su modelo fallido. No se puede dirigir un club a 10.000 kilómetros, sin apenas consejeros al mando y por videoconferencia. No se puede comprar por la mitad de lo que se vende sin devaluar una plantilla. No es que lo piense quien esto escribe, es que se lo han demostrado los hechos, la realidad. Chen debe explicar cuáles son sus intenciones a corto y medio plazo y que pretende hacer con un club al que ha llevado a segunda 27 años después, en su 120 cumpleaños y con el mayor presupuesto de todos los tiempos. Otros salvaron la categoría con la mayor deuda de la historia, lo que deja a las claras que el fracaso no se debe a la inversión sinó a la gestión.

José Maria Durán, el director general, es el hombre que reune más apoyos en el espanyolismo en este momento crítico. A él, por su responsabilidad y cercanía con el presidente, es a quién hay que dirigir las preguntas que se derivan de este análisis. Tiene experiencia en una situación similar vivida con el Getafe y hace tiempo que prepara al club para el escenario del descenso. Ahora es su momento, y aunque desconocemos cual es realmente su margen de maniobra, no puede fallar.

La última interpelación es para la afición, sin la cual ha quedado demostrado que este club solo es un amasijo de sillas vacías. Entendiendo su disgusto y su desolación, e incluso su rechazo por haberse sentido relegados en los últimos tiempos, hay que apelar una vez más al sentimiento. Quien quiera de verdad a este club no lo va a abandonar en esta hora oscura. Los que ya lo han vivido deben ayudar a los mas jóvenes a resistir, los más fieles deben convencer a los menos adeptos y hacerlos comprender que el club resurgirá. Ahora más que nunca, somos el Espanyol.

Francesc Via 

@francescviapol          


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