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Paintball per Joan Camí

La propuesta de Balaídos

En Balaídos, aunque no fue algo constante, sí se pudo rescatar alguna idea y orden en el juego del Espanyol. Esto es, seguramente, lo más positivo que se lleva el conjunto de Gallego tras el segundo compromiso de la semana. Un sustrato todavía escaso para afirmar que hay una base sólida hacia una idea reconocible. La realidad es que el crecimiento del equipo es lento y parece que, hoy día, los tiros van hacia un Espanyol 19-20 que tiene poco o nada que ver con el de la temporada 18-19.

El partido de ayer, para un servidor, no estuvo mal planteado. La ejecución fue mejorable, obvio, pero es necesario que el Espanyol, por el potencial de su plantilla, que no es una de las mejores de LaLiga, pueda tener un plan B -y C y D puestos a pedir- para según qué momentos de la temporada. El problema es que el plan A, que es el que debería permitir potenciar a tus mejores jugadores, todavía escasea. Quiero decir. Se puede entender que David Gallego, por la trayectoria de su equipo durante este último mes -las dinámicas son muy importantes- y el perfil del Celta, con futbolistas técnicos muy capacitados para dominar a través del balón, decidiera apostar por un fútbol más vertical (doble lateral por izquierda, Wu Lei de extremo y Melendo y Darder en el banquillo) y atacar más protegido (hasta ocho futbolistas de corte defensivo en el tramo final del partido). En líneas generales, un registro que hay que tener en cuenta para cuando no pueda imponer su conducta más natural, que aunque todavía no se ha expresado de forma convincente, debería incidir sobre unos cimientos que ya se construyeron la temporada pasada. Puede hasta parecer pesado este argumento, algo que se viene repitiendo durante las anteriores semanas, pero es que no hay duda: el perfil de los futbolistas y la sonrisa que dibujan en sus rostros siempre aparece cuando pueden manifestarse con el balón en su poder. 

El Espanyol, en Balaídos y en algunas fases, compitió mejor que en los últimos partidos. Y este tipo de planteamientos más reactivos, aunque todavía les falta mucho proceso, deberían ser, a mi modo de ver, algo puntual durante la temporada. Una alternativa más, pero no la principal. LaLiga siempre plantea retos competitivos que todos los equipos deben tratar de solventar con más o menos dificultades y con más o menos recursos y el Espanyol, lógicamente, no está exento de ellos. Eso sí, lo que más necesita a corto plazo el equipo de David Gallego es fortalecer la idea que le ha llevado hasta aquí: ser valientes y protagonistas con el balón y generar ventajas a través de él. 

Sea como fuere, el plan del Espanyol consistió en formar una defensa de tres en salida para, sobre todo, fijar a uno de los dos extremos del Celta -Rafinha o Denis Suarez- y encontrar ventajas a su espalda con los jugadores de fuera -especialmente Wu Lei y Pedrosa por su velocidad-. En caso de no encontrarlos, tratar de buscar a Marc Roca en el carril central a partir de las fijaciones de los dos delanteros, Calleri y Matías Vargas, sobre los dos pivotes del Celta para evitar que saltaran sobre el '21' blanquiazul y éste pudiera circular el balón de un lado a otro. Y así fue, aunque a cuentagotas. El Espanyol llegó con más claridad en el último tercio, bien por recuperar arriba a partir de su presión o tras gestionar posesiones más largas de lo que venía mostrando habitualmente, pero se mostró impreciso en el último pase. Matías Vargas y Calleri dejaron detalles interesantes, especialmente el delantero argentino, que a través de sus buenas decisiones con y sin balón aportó soluciones para su equipo. Su juego de espaldas, cerca o lejos de la frontal del Celta, sirvió para activar a la segunda línea del Espanyol. De nuevo, a cuentagotas. 

El equipo cedió completamente el balón y terminó defendiendo por acumulación en el tramo final de la segunda mitad, en el que llegó a juntar hasta seis futbolistas en la primera línea, además de un doble pivote formado por Víctor Sánchez y David López, de corte más defensivo. Un ejercicio de pura supervivencia que decayó en el último suspiro, cuando el Espanyol, tras desaprovechar un contraataque clarísimo para sentenciar, concedió un centro lateral que remató Santi Mina al fondo de la portería.

No fue, ni de lejos, un partido brillante del Espanyol, pero sí que sirvió para mostrar una ligera mejora, aunque todavía insuficiente, respecto a lo que había mostrado en los últimos encuentros. El equipo blanquiazul fue más competitivo en determinadas fases del encuentro y se asomó con más regularidad en campo rival, nada extraordinario, pues volvió a sufrir tras pérdida y acumulando errores individuales que comprometen su sistema defensivo. Domingo más y mejor. 

Joan Camí

@JoanCami          


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