AVUI A POL

Paintball per Joan Camí

El análisis del Eibar - Espanyol

Es muy complicado sacar a la SD Eibar de su contexto cuando juega en casa. Ritmo alto, presión tras pérdida, juego directo y velocidad en sus transiciones. Jugar en Ipurua es difícil. Tan difícil que casi siempre se juega el partido que quiere el Eibar. Y los de Mendilibar no engañan a nadie, no esconden ningún as bajo la manga, simplemente son muy buenos en lo suyo, que para nada es fácil. 

El Espanyol, tras el batacazo ante el Granada, no tanto por el resultado, que también, sino por el juego mostrado, inició el ‘tourmalet' de septiembre en una plaza de métodos archiconocidos: mucho juego por bandas para potenciar el envío a través de sus laterales o extremos, además de una presión tras pérdida asfixiante para ganar la segunda acción y dificultar la salida rival. Sin ningún tipo de duda, Ipurua es uno de los estadios que exige más adaptación de toda LaLiga y el Espanyol, que aunque prácticamente no pudo imponer su plan de domingo, consiguió los tres puntos en un partido difícil de explicar. La victoria como bálsamo, pero el equipo de David Gallego sigue estando lejos de ofrecer una buena versión en su juego. En Eibar, como está sucediendo habitualmente, solo se apreciaron algunos destellos de brillantez individual

La primera novedad del partido vino desde la pizarra. Gallego apostó por un cambio de sistema, del 1-4-3-3 al 1-4-4-2 con Ferreyra y Calleri en la doble punta. Dos perfiles distintos que, sobre el papel, pueden ofrecerle otras soluciones al técnico en función de la forma que se quiera atacar, como explicó en rueda de prensa al término del partido: "Queríamos encontrar a los dos de fuera [Darder y Melendo] que jugaban a pierna cambiada y así arrastrar a sus laterales para jugar constantemente un 2vs2 entre nuestros delanteros y sus dos centrales". Así pues, aprovechando las particularidades en ataque y en defensa de los laterales armeros, el plan del Espanyol, con balón, consistió en encontrar situaciones de 2vs2 arriba y sin él, establecer una buena estructura dentro de área y en la frontal para defender estas zonas ante los centros laterales hacia Sergi Enrich y Charles, incansables en el esfuerzo. 

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Posiciones medias de Eibar y Espanyol

Como era previsible, el Eibar quiso imponer el ritmo del partido, con una presión alta durante toda la primera mitad que dificultó mucho la salida y la circulación de balón del Espanyol en el primer escalón, que no encontró tiempo ni espacio para activar el juego interior con Roca, Darder y Melendo ni para juntarse para la pérdida o segunda acción. Sin profundidad por fuera, pues Dídac y Javi López no insistieron casi nunca en ataque, ni asociación por dentro, la única vía para progresar fue el juego directo. Desde Diego López o los centrales, el argumento más utilizado -y también el menos peligroso- fue el envío hacia Calleri y Ferreyra, de forma frontal o diagonal, hacia los costados, aprovechando el espacio que se generaba tras la espalda de Cote y Tejero, los laterales, aunque tuvieron dificultades para superar a Ramis y Arbilla en las disputas. Además, y en relación a la disposición de ambos equipos sobre el campo, el Espanyol entregó demasiado espacio entre sus líneas, especialmente entre los jugadores que disputaban la primera acción -los dos delanteros argentinos- y los responsables de disputar una hipotética segunda -Darder y Melendo-. Un contexto que desnaturalizó por completo al Espanyol y favoreció, como no podía ser de otra forma, a un Eibar que pese a no generar problemas reales a Diego López, sí obligó a los blanquiazules a jugar un partido que no querían, encontrándose con situaciones de juego de les cuales no son especialistas y en una zona del campo que les restó cualquier posibilidad de asomarse a Dmitrovic. Calleri y Ferreyra, no especialmente rápidos, a muchos metros del portero serbio, Darder y Melendo más pendientes -por obligación- de las ayudas defensivas por fuera para tapar a Cote-Inui y Tejero-Orellana que de participar por dentro para arrastrar a sus laterales y llegar a las caídas. Algo que, a priori, entraba dentro del guión en algunas fases del partido, pero no de forma tan constante durante casi todo el encuentro

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El Espanyol, a pesar de las dificultades innegociables que presenta Ipurua, ni pudo ni supo generar secuencias largas de pases para ordenar mejor sus piezas. Así lo indican los datos (vía Roger Requena, periodista del Diari ARA) con balón tras los 90 minutos: 41'6% de posesión, 56% de acierto en el pase y 58 pases buenos entre Marc Roca, Darder, Melendo y Víctor Sánchez (214 vs Granada), los jugadores que formaron el centro del campo. 

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El Espanyol estuvo más pendiente de defender hacia atrás que de hacerlo hacia delante, en parte por el empuje local en la presión y también por el plan de partido -apenas se vieron situaciones de bloque alto-. Como consecuencia, terminó situándose cerca de Diego López, con toda la estructura en campo propio. En el apartado defensivo sí que se pueden recuperar algunos detalles. La defensa de área, por arriba y por abajo, de los dos centrales, aunque Calero cometió una falta evitable en el gol del Eibar, asistidos muchas veces por Marc Roca, que se incrustaba entre los dos para generar un 3vs2 contra los dos delanteros del Eibar, demostró que el equipo tiene mimbres para responder cuando el rival domina y somete el área. Un trabajo que merece reconocimiento, ya que la relación cantidad-calidad de centros que genera el Eibar no entra dentro de lo habitual en la mayoría de los partidos de LaLiga. 

La participación del banquillo fue concluyente para cambiar el resultado, que no el guión, del partido. Pedrosa y Monito, ambos a pierna natural y ofreciendo amplitud, algo que brilló por su ausencia en los minutos anteriores, mostraron su talento para castigar los errores y la falta de contundencia del Eibar en el último tramo del partido. Granero, que jugó como si no estuviera contagiado por la apatía de sus compañeros, sentenció en cuestión de tres minutos un partido que parecía del todo perdido, incluso antes de disputarse. Y una reflexión sobre el ‘Pirata': aunque no está participando demasiado, ha dejado minutos de calidad en este inicio del curso. Contagia a través del juego y transmite seguridad en la toma de decisiones. Cuándo acelerar la jugada, cuándo retener el balón... el Espanyol respira con él.

Lo que sucedió en Ipurua es otro ejemplo más sobre lo imprevisible e inescrutable que puede llegar a ser este deporte. Ayer ganó el Espanyol. Quizá no lo mereció, quizá el Eibar sí. Ya da igual porque es historia y como dijo alguien una vez; "los resultados no se merecen, se consiguen". Esta victoria debería servir para gestionar con más ánimos y confianza una semana a la que todavía le quedan dos partidos. Exigencia y trabajo a partes iguales, pues el conjunto blanquiazul necesita más y mejores argumentos para solventar los encuentros sin depender de la ¿suerte?. Si es que existe y gana partidos, claro. 

Joan Camí

@JoanCami       


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