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Paintball per Joan Camí

El análisis del Alavés - Espanyol

No está siendo un inicio fácil para el Espanyol en LaLiga. Independientemente del resultado ante el Sevilla y el Alavés, las sensaciones futbolísticas no son las mejores o, por lo menos, todavía no se acercan a lo que pretende el cuerpo técnico. Ni en lo colectivo ni en lo individual, pues el balance de cara a portería es bastante pobre y a excepción de algún destello de calidad en acciones individuales con y sin balón, no hay demasiado por rescatar en estos dos primeros partidos. Al equipo le está costando interpretar la estructura, muy clara hasta la fecha, que desde el primer día viene repitiendo movimientos y automatismos que todavía no están permitiendo generar ventajas suficientemente cómodas para someter a través del cuero.

Aunque no debería servir de excusa, porque el Espanyol eligió este camino y porque el mismo David Gallego lo ha repetido muchas veces ante los micrófonos, es una realidad que la preparación para LaLiga tras compromiso europeo exige un sobreesfuerzo para  concentrar las tareas del cuerpo técnico para preparar un partido: recopilación de información sobre el rival, análisis e interpretación de esta información, plan del partido en función a lo que quiere proponer el oponente y lo que buscas en tu propio equipo, entrenamiento (uno, en este caso), sesiones de vídeo y charla técnica con los jugadores. Además del aspecto estrictamente mental, aunque el club tiene estructura suficiente para delegar ciertas responsabilidades y ‘trabajo sucio', la cabeza del técnico y sus ayudantes no conecta con el fin de semana hasta el viernes. Una serie de dificultades en las que vale la pena insistir, pero no para quejarse, sino para poner en valor lo que significa jugar en Europa y lo complicado que resulta para equipos del potencial del Espanyol. 

En un partido que se presumía más cerca de Pacheco que Diego López, la capacidad del Espanyol para mantener esta constante durante el partido mediría parte de las posibilidades pericas en Mendizorroza. Un Espanyol que desde el inicio se mostró más dominador del balón, que no del partido, por el perfil asociativo de sus futbolistas. Marc Roca entre la primera línea y la base de la jugada, Darder y Víctor alternando alturas y Melendo y Monito a los costados de Wakaso y Manu García, los dos interiores del Alavés. Además de la amplitud y profundidad de los laterales, especialmente Corchia, que debutó con buena nota y dejó detalles de lo que se pretende con él por banda derecha, sobre todo en ataque. Con Gallego, los extremos tienden a ocupar zonas interiores en secuencias largas de balón para, principalmente, ganar más referencias por dentro y liberar el carril exterior a los laterales.

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Pero de nuevo se divisó un Espanyol de circulación lenta, previsible, y demasiado horizontal. Faltó muchísimo atrevimiento de atrás hacia delante. Empezando por la salida de balón, con la ya clásica estructura de tres, que con balón te asegura superioridad numérica y sin balón mayor protección ante el posible robo y transición del rival. Eso sí, haciendo hincapié a la fase con balón, se echó en falta más amenaza de los centrales, sobre todo para conducir hacia delante, dividir y conectar con otros jugadores entre líneas. Calero, especialista en este tipo de acciones, debería resolver esta carencia, pero en Vitoria, como Naldo y Marc Roca, generó muy poco con sus pases, la mayoría hacia otros compañeros que se situaban en la misma línea y no en una superior. Comentario también aplicable a Sergi Darder, que tampoco terminó de incidir en un pase vertical que domina a las mil maravillas.

Se encontró cómodo el Alavés en este contexto. Sin apenas esfuerzos para mantener firme su estructura defensiva que, como no podía ser de otra manera con Asier Garitano, no presentó demasiadas fisuras en su propio terreno de juego. El buen trabajo sin balón de los locales, sobre todo por parte del trivote formado por Manu García, Wakaso y Tomás Pina, le negó la posibilidad a Melendo (futbolista que debería ser importante en estos escenarios) de, no solo recibir pocas veces entre líneas, sino que cuando lo hacía tampoco tuviera opción para girarse y encarar la defensa de cuatro del Alavés. 

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De este modo, el Espanyol ni generó ventajas desde el inicio del juego ni las encontró más arriba. Sí por fuera, pero en contadas ocasiones. Corchia pudo asomarse de vez en cuando, igual que Dídac, aunque el de Mataró no acertó en la mayoría de decisiones y tuvo excesivas pérdidas. Campuzano, pese a su voluntariedad para participar en el circuito de pases y/o romper al espacio, no entró prácticamente en juego, Matías Vargas fue algo más incisivo, pero siempre desde la superioridad individual. La entrada de Wu Lei le aportó un puntito más de profundidad al equipo, pero no fue suficiente para desestabilizar al sistema del Alavés. 

Aunque la amenaza no fue constante, el conjunto local aprovechó algunas imprecisiones del Espanyol para proyectar a Lucas Pérez y Aleix Vidal al espacio. Especialmente correcto fue el partido de Calero en ese sentido, ya que supo leer muy bien las vigilancias ofensivas que privaron al Alavés de una mayor presencia cerca de la portería de Diego López. Se intuye un potencial enorme en este futbolista y si nada se tuerce no debería tener muchos problemas para liderar la defensa blanquiazul junto a David López

Joan Camí

@JoanCami 


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