AVUI A POL

Palabras, las justas per M.C. Cánovas

No, no nos equivocamos de campo

Dos, tres días, creo que son margen suficiente para degustar un partido como el del domingo repasando lo bueno y lo malo, lo que más gustó y lo que menos, extraer conclusiones de lo que hizo el equipo y lo que tenía delante y pensar en lo que puede depararnos esta Liga después del frenético partido ante los "ches". Sigo sin dejarme llevar por la euforia más que justificada que, por ejemplo, se vivía a la salida del campo, pero desde luego me alejo aún más de los adictos al pesimismo que, entiendo, ha alimentado durante años el propio club transitando permanentemente por la cornisa y sin sacar provecho de unos momentos puntules pero únicos y extraordinarios, pero hoy que Rubi toca a rebato vale la pena echar todo eso a un lado y empezar a sentir qué es eso que llaman optimismo.

No el domingo, sino desde que la pretemporada empezó a rodar, me llamó mucho más la atención que un resultado obtenido en Cincinatti, ante el Moenchengaldbach o en El Carajo de Arriba, mucho más repito, la forma de moverse el equipo; sus intenciones con el balón, sus ideas cuando lo tiene el contrario, la defensa de un marcador positivo como objetivo fijo o el instinto der ampliarlo... Por ahí, este Espanyol no ha tenido nada que ver, ni en los amistosos, ni en el arranque de la Liga. Con lo antes vivido. Me explico.

Ante un Valencia de altos vuelos y bolsillo largo el equipo aguantó las arremetidas de un rival que dominaba la bola, que se iba arriba con peligro y que zurraba la badana. Diego era providencial, pero cuando el balón te llegaba había criterio, seguridad y convicción de lo que se tenía que hacer para irse adelante. Y se estrelló un poste. Y Neto también fue providencias para los suyos.

Seguimos. Darder, Granero y otras hierbas... En esa fase de un Valencia grande pero al que no se le giraba la cara, jugadores clave, como Darder, lo pasaban mal agobiados en su zona. Y Granero lo mismo. Pero en esa fase se empezó a notar un instinto de superación que invitaba a creer que era injusto que aquello se escapara. Y se salió adelante. Y Darder empezó a ser Darde. Y Granero salvó un gol bajo los palos. ¡Granero!. No David, o Hermoso. Y el equipo se asentó, porfió, marcó. Y ganó.

Y el equipo volverá a empatar, volverá a ganar y perderá, sin duda. Es parte del juego. Pero habrá que ver cómo empata, cómo gana y cómo pierde. Desde luego, nunca antes de empezar un partido. El instinto es otro. La influencia del banquillo es otra. Y se refleja cuando Darder dice que hay que luchar por la Liga aunque sabemos que no la ganaremos. Es el reflejo de un ganador, de quien huye de la mediocridad e impone tanta ilusión y ganas como realismo. O como cuando el propio Rubi manifiesta que prefiere ganar por 3-2 que por 1-0.

No, amigos, las perspectivas permiten ser tan realistas como optimistas. De momento se irá al campo del Alavés y pasará lo que tenga que pasar, pero a día de hoy empieza a crecer el convencimiento de que el equipo no se va a cagar, y perdonen la expresión.

Cuando el partido frente al Valencia enfilaba la recta final el amigo Gonzalo de Martorell, al lado de quien lo estaba disfrutando y sudándolo a chorros, me decía: "Manolo, crec que ens hem equivocat de camp..."

No, nos equivocamos de campo. Sólo es cuestión de no perder el equilibrio entre lo que puede dar de sí este equipo, el mismo que alguien dijo que "igual no da para más" y la dureza de la Liga. De momento hay licencia para verlas venir con una buena dosis de optimismo. Porque este equipo, aunque caiga, que caerá, se va a levantar.

M.C. Cánovas


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