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Paintball per Joan Camí

Quique, dos temporadas

Terminó la etapa de Quique Sánchez Flores al frente del RCD Espanyol. En el siguiente artículo os cuento mi reflexión sobre su trayectoria en estos casi dos años de proyecto. Su idea inicial, la propuesta y algunos detalles destacados. 

Quique, el día de su presentación: "Dependeremos de la plantilla que seamos capaces de confeccionar. Todo lo que hagamos está representado por los futbolistas y ese es nuestro compromiso: darle al Espanyol y a su afición la filosofía de juego que mejor se adapte a las características de los jugadores". Desde su llegada, Quique Sánchez Flores se adaptó a la plantilla para construir un equipo de contraataque. La apuesta por un 4-4-2 muy ordenado y sólido en defensa, más la verticalidad de sus transiciones, le permitió hacer una gran campaña a partir del "repliegue más contra".

Tras una planificación quizás algo precipitada y la falta de confianza en el fondo de armario, Quique reubicó algunos jugadores. Víctor Sánchez pasó del doble pivote al lateral y David López, fichado como centrocampista, debutó en el eje de la defensa. 

La salida de balón: de aspirar al control a controlar el juego directo. Aunque su Espanyol se ha caracterizado más por la profundidad que por la combinación, no por ello ha despreciado una salida ordenada a partir del balón. Marc Roca fue la primera apuesta de QSF. Su perfil técnico y asociativo ofrecía creatividad, un recurso muy preciado y más bien escaso en el proyecto. El técnico madrileño podía contar con un jugador capaz de enlazar la primera línea con la segunda en condiciones óptimas. Bajo su organización, el Espanyol pudo diseñar nuevas estructuras en ataque posicional pero mostró dificultades para generar peligro y encajó muchos goles. Este contratiempo, junto a un bajón en su rendimiento con posterior lesión, provocaría el cambio de tendencia en el juego.

Aparcada la propuesta con Marc Roca, apareció David López. El Espanyol ganó precisión y el ex del Nápoles fue una vía de escape ante presión alta o repliegue bajo. Su reubicación en el eje central de la defensa permitió al equipo ganar fiabilidad en la primera línea. 

La progresión: de la improductividad en estático a la eficacia en vertical. Pese a contar con jugadores más creativos que podían matizar la propuesta, el ataque posicional ha sido la fase que más le ha costado de gestionar al Espanyol en estas dos temporadas. El 4-4-2 que ha compuesto Quique, casi siempre con dos únicos centrocampistas de corte más defensivo, y con jugadores muy verticales por los costados, fue una pista muy clara sobre sus intenciones. El conjunto blanquiazul, construido con futbolistas rápidos, para progresar más que dar continuidad, constató que necesitaba espacios para atacar. La prioridad siempre ha sido potenciar la verticalidad desde cualquier zona del campo.

Con un juego más pragmático que atractivo, Quique matizó aspectos de su modelo de juego durante la temporada y consiguió transmitir una idea muy reconocible. El Espanyol tenía muy claro dónde y cómo jugar los partidos. En el plano defensivo, el equipo equilibró las líneas a partir del 4-4-2, evitó el juego interior del rival, manejó bien las situaciones de ataque posicional del contrario y mejoró en acciones a balón parado, uno de los grandes problemas de la pretemporada. En ataque hacía mucho daño a la contra, con transiciones rápidas y muy verticales. Gerard Moreno se convirtió en la ‘navaja suiza' de Quique Sánchez Flores. Ha sido -y está siendo- determinante en todas las facetas del juego.

La transición a veces caótica, que en muchos partidos resultó ser la única vía para llegar a portería, fue igualmente letal... Piatti en la finalización y asistencia, Baptistao generando y atacando espacios, Hernán agitando el ritmo de los partidos a su antojo, la incorporación de los laterales, el último toque de Jurado y los movimientos de Gerard. Todo sumaba. Y se confirmó que el Espanyol había encontrado, por fin, la armonía defensiva en su esquema. Diego López se convertía en el portero de la historia del Espanyol con más minutos seguidos sin recibir un gol (586). Parecía el inicio de algo grande. 

Estabilizados los cimientos defensivos del equipo, el reto de QSF en el segundo año de proyecto consistía en dar un paso al frente. Especialmente en fase ofensiva. Cómo atacar mejor, o de manera más variada e imprevisible, sin bajar las prestaciones en la retaguardia. Experimentar con otras variantes tácticas, aunque fuera para tener alternativas con las que despistar al rival. Definir si quería el balón o no. Si quería el control de los partidos a partir de la posesión o si ese concepto no le preocupaba.

Actualmente los rivales se han protegido más ante su transición y le han exigido nuevos retos con balón. Pese a ligeras muestras de mejora, la esperanza de encontrar una solución no llegó hasta diciembre, un mes donde el Espanyol se marcó como objetivo empezar a explorar otros registros.

Quique añadió un matiz; utilizar un jugador más creativo (Granero o Darder) en una de las bandas del 4-4-2. Un matiz que sirvió, a ratos, para juntar más pases y construir ataques más largos con el objetivo de asentar al equipo más arriba. Pero en líneas generales, el Espanyol seguía sufriendo en la recuperación. Su precipitada verticalidad en determinadas fases de los partidos separaba las líneas, le impedía atacar con alguna superioridad, forzaba la pérdida y facilitaba la transición del rival.

Quique se ha ido. Y con él, dos temporadas muy antagónicas en cuanto a juego, personalidad e identidad. La primera situó al Espanyol en el mapa pero en la segunda, que debía ser la consolidación... se desmoronó el proyecto. Los motivos serían para otro análisis. FIN. 

Joan Camí

@JoanCami        


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