AVUI A POL

El balón al pasto per Héctor Farrés

Propuesta de identidad

Ya han pasado tres partidos desde que Constantin Galca tomara las riendas de un Espanyol desnortado, sin hambre de nada y que daba la más grande de las penas. La llegada del técnico rumano se cogió con pinzas debido al escepticismo crónico que se ha afincado de forma paulatina en el córtex prefrontal del aficionado. Aun así, Galca ha conseguido ganar de forma consecutiva dos partidos y perder otro en el siempre difícil Sánchez Pizjuán.

La infernal cuesta de enero da más miedo que Benzema en una recta, no lo vamos a negar. Las tres batallas contra los de enfrente, un desplazamiento a Eibar, otro a Getafe, anfitriones contra el Villarreal y para despedir el primer mes del año una visita a un Real Madrid que no se sabe qué entrenador tendrá. No va a ser un mes fácil pero, siendo realistas, los partidos contra los vascos y los azulones van a ser un oasis necesario. No obstante, la llegada de Galca me tranquiliza ya que parece ser que el Espanyol ha comenzado a jugar a fútbol.

En su estreno en el RCDE Stadium el preparador rumano puso toda la artillería desde el inicio y, pese a no hacer un despliegue futbolístico superlativo, se vio alguna cosa más que en partidos anteriores y, pese a eso, Galca salió a la rueda de prensa molesto con sus jugadores porque no habían salido las cosas del todo bien. En su primer partido ya hizo autocrítica y un análisis más allá del azar y de los jabatos; mucho más propio de lo que se espera de un entrenador de Primera División.

La idea de juego de Galca se ha visto plasmada en sus tres partidos. Habrá podido salir bien o mal, pero la propuesta está ahí. No es endeble, no es un castillo de naipes que un gol en contra tira con un soplido. Agresividad, control del balón y ser más ofensivos. Aún quedan muchas cosas por pulir pero la diferencia entre el Espanyol de Sergio y el de Galca es bien visible.

En las derrotas es cuando se ve el verdadero carácter de un equipo y contra el Sevilla se ha visto un Espanyol aguerrido, poco timorato y controlador. El Espanyol, perdiendo, le ha quitado la posesión a un Sevilla teóricamente superior: 43% a 57% para los de Galca. No es ninguna vergüenza perder un partido plantando cara, teniendo ocasiones y no tirándolo todo por la borda a las primeras de cambio. Prefiero mil veces una derrota como la del Sánchez Pizjuán, incluso si Immobile mete el tercero, que una como el 1-0 en Balaídos.

La diferencia entre el Espanyol y el Sevilla ha sido, ni más ni menos, los errores defensivos. El Espanyol es un coladero en defensa; pero eso, dentro de lo cabe, no era culpa de Sergio González ni tampoco de Galca. Un entrenador está obligado a corregir, cambiar y pulir un sistema defensivo; ahora bien, si los integrantes de ese engranaje defensivo no dan la talla por mucho que se cambie poco se va a conseguir. La solución es traer a un central, quizás dos e incluso un lateral zurdo.

Dejando a un lado la evidente poca seguridad atrás del Espanyol el cambio es positivo. Probablemente el Espanyol no pueda rascar demasiados puntos contra los grandes pero al menos plantearemos problemas, que ya es mucho. La llegada de Galca significa tener identidad. Al fin y al cabo, los partidos se ganan atacando - Galca llega de ganar el triplete rumano - y no encerrándose atrás.

hector_fg35

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