AVUI A POL

Vermella i al carrer per Xavi Boró

Aquellas noches con Puyaltó
En los trece o catorce años en que calculo llevo encárgandome de la redacción de noticias en PericosOnline, dos veces me ha tocado ponerme ante el teclado con los ojos bañados en lágrimas. Curiosamente, en ambas ocasiones el proceso ha sido similar, provocado por una llamada telefónica de un Francesc Via que, también entre sollozos, había de afrontar la poco grata misión de comunicarme la muerte de una persona de nuestro entorno, de ese pequeño ecosistema que es el Espanyol. La primera vez fue desde Italia, desde Coverciano, donde él fue una de las primeras personas que tuvo conocimiento de la muerte de Dani Jarque. Aquella hora transcurrida entre la llamada y la llegada del OK para publicar como había sucedido la tragedia resultó eterna, y escribir aquellas líneas fue como sentir puñaladas en los dedos cada vez que pulsaba una tecla; de hecho, creo que desde entonces, después de aquella experiencia, ya nunca más tuve la misma ilusión a la hora de escribir sobre el Espanyol. A pesar de todo, el tiempo cicatriza las heridas y el paso de los años había conseguido que aparcase aquella sensación extraña y traumática en lo más profundo de la memoria, pero he de reconocer que este lunes, cuando desde el auricular me llegaba la noticia de la muerte de Jordi Puyaltó, volvió a nacer en mi aquella misma sensación de desasosiego y inmensa pena. 
 

Conocí a Jordi hacia el año 2004, cuanto a raíz de publicar algunos artículos sobre historia espanyolista en este mismo portal me llegó al buzón un correo electrónico suyo interesándose por mi trabajo, alabando el interés de alguien como yo con el que compartía inquietudes y aportando algunos datos que ciertamente demostraban que aquel tipo sabía muy bien de lo que hablaba. Entonces no tenía plena constancia de quien había contactado conmigo era un verdadero apasionado de la historia y la recuperación de objetos relacionados con la historia de nuestro club. En una época en que las crónicas en la web oficial del club se publicaban a los dos días de acabar los partidos y en que no existían las redes sociales como aparador abierto al mundo el ir recibiendo aquellos primeros correos repletos de recortes de época, cartas originales, fotografías, insignias, escudos y todo tipo de parafernalia, supuso, he de reconocerlo, un auténtico impacto: la fortuna había puesto en mi camino en un momento en que se agotaban las fuentes documentales un verdadero Indiana Jones, un arqueólogo que entre la indiferencia del resto del mundo se había marcado la misión de rescatar del olvido y de la más que segura desaparición cualquier elemento susceptible de tener relevancia historiográfica y museística. Como todos los genios que han de luchar contra la indiferencia de la gente y más si consideran que tienen una misión casi sagrada a su cargo, Puyaltó estaba necesitado de un justificado reconocimiento público, por lo que fue relativamente sencillo convencerle para colaborar en una serie de artículos para POL que bajo el nombre de Histories blanc-i-blaves sirviesen para dar a conocer todo aquel maravillosos mundo que ocultaba su buhardilla de Tiana. A más de 100 kilómetros de distancia y durante un buen número de años, el protocolo se repetía sistemáticamente: yo proponía un tema que podía tener interés, y al cabo de unas horas, normalmente de madrugada, recibía en mi correo una serie de archivos con un material de primera categoría, la mayoría de veces inédito, con el cual yo empezaba a escribir los artículos. Jordi desde su buhardilla y yo en mi despacho compartimos muchas madrugadas de conversaciones telefónicas y aquel ya obsoleto messenger recreando historias del pasado, evocando aquellos tiempos heroicos que, y en esto no cabía discusión posible, obligatoriamente habían de ser mejores que los presentes. Aquella relación traspasó lo estrictamente profesional para convertirse en otra de amistad, incluso de hermandad, de un cariño mutuo en el que él, y es justo reconocerlo, siempre puso más generosidad y dedicó más tiempo y esfuerzo que no yo, siempre agobiado y malhumorado por las exigencias del trabajo cotidiano. Con el tiempo, las llamadas fueron haciéndose menos frecuentes, las visitas a Tiana se distanciaron en el tiempo, hasta que hube de tomar la decisión de aparcar aquel trabajo compartido. Pude convencerle para que siguiese adelante con una sección propia a su exclusivo cargo y creo no me equivoco simplemente por afecto hacia mí inauguró un "Racó" en el portal donde publicaba unos interesantes artículos, aunque nunca acabó de aceptar el hecho de tener que renunciar a aquel trabajo compartido, aquellas llamadas de madrugada, aquellas colaboraciones que tanto nos llenaban a ambos pero a las que como a tantas otras cosas buenas de la vida no hubo más remedio que renunciar para centrarse en otras ocupaciones menos gratificantes.

Desde entonces, nos habíamos visto contadas pero intensas veces, una, coincidiendo con la visita a Barcelona de José Antonio Pastor, coautor de su obra sobre la figura de Ricardo Saprissa, una obsesión compartida por ambos; ambos genios, a los que unía una relación de auténticos hermanos, tuvieron la generosidad de compartir conmigo un día recorriendo los pasos de aquel caballero del deporte por la ciudad que jamás se me borrará de la memoria. También tuvimos, no mentiré, algunas diferencias, como el hecho de que le recriminase su decisión de aceptar ser consejero del club para encargarse de un área como la social, sabedor que acabaría siendo una fuente de decepciones a diferentes niveles como así acabó reconociéndome con el paso del tiempo; porque Jordi, a pesar de su aspecto de bonachón, era un tipo intenso, duro incluso en el debate, fruto de su parte de sangre vasca, y difícilmente podía encajar en un ente como un consejo de administración de un club donde sus ideas y pensamientos a menudo colisionaban con la dura realidad. Recuerdo ahora con nostalgia su batalla para conseguir el reconocimiento hacia la figura de Saprissa y que su cuadro ocupase un lugar de preferencia en la planta noble del estadio, de la cual la entidad sacó pecho en su día pero que le costó más de un disgusto. Tiempo más tarde, intentando rehacer aquellas colaboraciones de años antes, tuvo la generosidad de llamarme para escribir un libro bajo el amparo de la Fundación, pero problemas de tiempo por mi parte y también de esa salud que en los últimos años de su vida le martirizó lo frustraron; incluso con el paso de los años, recientemente y gracias a la insistencia de Francesc Via intentamos recuperar esa maravillosa idea, pero esta vez su muerte ha vuelto a poner un obstáculo, esta vez insalvable, a esa aventura.

Con su desaparición no sólo quedan aparcados proyectos, también toda una manera de entender el espanyolismo, a base de sacrificio y entrega y sin pensar en un retorno económico. A Jordi Puyaltó, a diferencia de a otra gente, su amor por el club le costó buena parte de su patrimonio y también el de su familia; lo que para muchos eran simples baratijas y chatarra -aún recuerdo su enfado cuando le trasladé como alguien de ese entorno muchas veces venenoso que tiene el club se refirió a él como un simple "coleccionista de botellas y llaveros"- a él le supuso un esfuerzo económico exagerado. La mayoría de las veces, con contadas excepciones, cedía su material sin recibir la menor contraprestación, a veces incluso sin que se citase la procedencia. Siempre que alguien necesitaba una fotografía o imagen, recurría a Jordi sin pensar que ese documento a él le había costado su buen dinero; recuerdo una noche que me llamó desesperado porque de manera precipitada y para que no cayese en otras manos participó en una subasta de una caja de lápices con motivos pericos haciendo por error una puja que se acercaba a los mil euros, y lo mal que lo pasó hasta que pudimos deshacer el desastre. Tuvo incluso la mala suerte que su acceso al consejo coincidió en una época en que el asumir las obligaciones del cargo implicaba haber de hacer frente a determinadas obligaciones lesivas también para su bolsillo. Cuando le señalé, como conocedor por mi formación académica de las técnicas de conservación de documentos de las deficiencias de la ya mítica buhardilla que a pesar de sus buenas intenciones comprometían el estado de algunos documentos de gran valor, reía diciendo que era de ilusos pensar en alguna forma de subvención o ayuda proveniente de la entidad, aunque fuese a cambio de algún acuerdo para ceder parte de su colección, la más susceptible de deterioro; era entonces cuando me recordaba el estado en que en épocas pretéritas se conservaba el material documental del club de un modo cercano al maltrato, aquellas fotos y contratos apilados en cajas repletas de humedad. Un drama...

Precisamente pensando en todo este esfuerzo que Puyaltó hizo a lo largo de tantos años y en que no se pierda ni divida su legado y en que para los suyos no suponga más que un bien una carga, tal vez convendría que desde la entidad surgiese alguna iniciativa destinada a preservarlo y que en el futuro, cuando los suyos lo crean oportuno, pase a ser patrimonio de todo el espanyolismo a cambio de algún tipo de contraprestación para su hija, su otro gran amor. Lo de que el museo que alguna vez tendrá el club tenga como nombre el de Jordi Puyaltó cae tan de su propio peso que considero que no es ni tan solo necesario reseñarlo, y sería una manera de hacer justicia con su memoria y de reconocer todo lo que ha hecho para permitir que las generaciones futuras tengan constancia documental de aquellos pioneros que forjaron los cimientos de lo que es hoy en día el Espanyol. El otro patrimonio, el humano, nos lo quedamos para siempre los que tuvimos la suerte de conocerle y disfrutar juntos de parte del camino. Gracias eternas por tu generosidad, por tus consejos, por esas noches llenas de pasión y espanyolismo. Gracias, y también perdón por no haber estado más cerca de ti en estos últimos años, que no han sido nada fáciles ni para ti ni para los tuyos. Siempre te recordaré con esa imagen que tanto te gustaba, la de un seguidor perico subido a una de las palmeras de La Manigua oteando con un catalejo los partidos de tu, de nuestro Espanyol. Ahora los mirarás desde arriba junto a tu abuelo, ese que perdió la vida a causa de una pulmonía pillada en la Final del Agua del 29; el Espanyol, dándonos alegrías hasta el último día, ¿verdad, Jordi? Hasta siempre, querido maestro.

Xavier Boró